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9 feb. 2007

ADORNOS Y PERIFOLLOS

A lo largo de todos los tiempos todos hemos utilizado muchos objetos para embellecer la vestimenta básica.

Cuentas, conchas, dientes de animales fueron los primeros adornos y esa práctica del detalle sigue empleandose hoy. Objetos como pañuelos ribeteados de encajes, hebillas de diamantes, pelucas exuberantes eran signos externos de riqueza.

El descubrimiento del ajuar funerario de Tut Anj Amón (Tutankhamón) en 1922 inspiró ya en su época muchos temas de inspiración egipcia en objetos de abalorios como bolsitos de baile.
En muchos casos esos complementos pasan a ser símbolos de un período, como las gorgueras del siglo XVI o las largas boquillas de las fumadoras de la década de 1920.





Se han encontrado preciosos collares de oro de la época de los romanos. Estos tenían una gran afición a las joyas y con frecuencia llevaban collares, pulseras, sortijas, brazaletes. Los sellos (gruesos anillos) de oro eran muy populares.
Los complicados tocados de las damas romanas necesitaban agujas de azabache, de aleación de cobre o de hueso para sujetar el pelo.

Los normandos (vikingos) también eran aficionados a los adornos de metal, como anillos, ajorcas, hebillas y broches para sujetar prendas.

En 1670 se puso de moda aspirar rapé (polvo de tabaco fermentado) y se siguió haciendo hasta comienzos del siglo XX. Las cajitas de rapé estaban también dignamente decoradas.





Frascos de sales, bastones, ligueros de seda eran complementos que daban vida a las prendas de vestir.

Las corbatas del siglo XVII fueron cambiando de estilo con los años y a mediados del XIX ya se usaban las de lazo o las chalinas. Los lazos de pajarita fueron muy populares a principios del siglo XX. Después ya aparecieron las actuales de lazo corredizo.

Los mitones (guantes sin dedos) se empleaban para resguardarse las manos en el trabajo, pero pasaron a ser prenda de lujo en los siglos XVIII y XIX.
Se hacían de tul bordado, blonda, ganchillo y calceta.

En el siglo XVIII se usaban puños de quita y pon para las mangas hasta el codo, con el fin de poder lavarlos aparte. Solían ser de encaje o de muselina bordada.
En esta época se puso de moda llevar lunares postizos de tela y se llevaban en cajitas de madera, cartulina, porcelana o metal, decoradas con miniaturas.

En el siglo XIX las señoras llevaban flores olorosas en ramilleteros de adorno, para disimular los repelentes olores que las rodeaban... y estos ramilleteros eran complicados como una obra de joyería.
En esta época resalto "los gorros de fumar" que llevaban los hombres y que solían ser labores manuales de sus mujeres. Llevaban bordados en realce y algunos borlas.
Destacamos aquí también las polainas para proteger los tobillos del frío y la lluvia.

Los abanicos han servido de objeto decorativo desde los primeros tiempos. Los abanicos de plumas plegables fueron muy populares desde el siglo XVIII hasta 1920.

Paragüas y sombrillas se popularizaron en Francia en el siglo XVIII.

En el siglo XX apararece un nuevo material, el plástico, que cambió el modo de pensar en el mundo de los complementos. Numerosos accesorios, bolsitos, cinturones... Aparecieron las gafas de sol en la década de 1930 que se convirtieron en indispensables para casi todos.

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